El insti, qué tiempos.
Comencé el instituto siguiendo con mi etiqueta de empollona. No es más que en 3º la cagué, así como suena, con todas las letras.
El primer año me tocaron tres repetidores, y ya se podían haber quedado en sus casas, porque tela. Bueno, el caso es que en uno de esos días que parecía que el profesor/a no venía, ni me acuerdo de qué clase era, empezaron todos: Vamos a fugarnos. Y cuidao, que aquí llegué yo en plan: yo he venido aquí para estudiar, no para fugarme, vosotros haced lo que queráis.
Gracias mundo, por hacerme tan pardilla a los 14 años. En efecto, la mayoría os habéis echado las manos a la cara, eres una pringada. Ni que decir tiene que tenía a no sé cuántas personas ya en mi contra. Haciendo amigos allá donde voy.
En el segundo trimestre los repetidores dejaron de venir y eso fue gloria bendita.
En 4º éramos 15, cabíamos en una clase minúscula de dos filas de 8 mesas y los que nos sentábamos delante, veíamos perfectamente a los profesores. Qué quiere decir perfectamente, lo siguiente; teníamos un profesor en biología, que tenía un ojo raro. El ojo tenía vida propia, claro, imaginaos a 15 adolescentes, cuchicheando acerca de la vida de ese ser que se iba para arriba, para abajo... El tío un crack, pero no te podías concentrar, era complicado.
Pasé a 1º de BAT y lo primero que hice fue pensar qué hago aquí. No quería estudiar, pero la verdad que me lo saqué todo al final. Lo mejor, los grupos, esos sí, diferenciados.
Por un lado, los chicos, haciendo piña, de buen rollo, majos.
Y por otro lado 4 grupos de chicas, os podéis imaginar, la guerra.
Grupo 1: las repetidoras, eran tres. La modosita, la simpática y la asqueada.
Grupo 2: las pijas. Las había rubias, morenas, todas delgadas, súper monas ellas al vestir.
Grupo 3: las atrevidas por así decirlo, las que más desparpajo tenían. Las había simpáticas y otras no tanto; pero gente más o menos normal.
Grupo 4: nosotras. Cada una de un palo. La happy, la empollona, la ligona, la comodín (he necesitado ayuda para esto, porque realmente no sabía cómo llamarla) y yo. Que no pegaba con ninguna. Pero oye, hicimos piña, no sé cómo. Yo era la más macarra, la que escuchaba música heavy, la que pasaba de todo... Ah sí! Es que en BAT me cambió un poco el chip. Llamadlo adolescencia, no sé...
Nosotras y las pijas, odio a muerte. De hecho un día nos dibujaron en la pizarra, qué súper malotas, eh? A ver, por aquel entonces, eso era meterse las unas con las otras, no había tanta maldad como ahora.
A una de mis mejores amigas que lo sigue siendo, Hola P, si lees esto; la llamaron Barbie huesitos porque es muy delgada; a mí creo que me dibujaron como una seta o algo así; claro, es que mido 1.56, pero vamos que me dio lo mismo.
Una de las pijas llamó un día mal educada a otra en plena pelea de esas que se formaban a las tres de la tarde cuando salíamos. Y nos quedamos mirando, así como... acabas de ganar la pelea, se ha ido súper traumatizada a su casa por llamarla mal educada. Es que eran pavas hasta para pelearse.
Bueno, bueno, bueno... qué me decís de esos amoríos. Hombreeeee, yo duré con uno 4 días y para mí fue el fin del mundo. Que me dijo que prefería estar con sus amigos, oyoyoyoyoyyyyyy y para más inri por mensaje de texto. Para los que no lo sepáis antes contábamos las palabras, así que imaginaos el esfuerzo que tuvo que hacer para reunir todas esas palabras y que cupiese en un solo mensaje; se lo curró, eh... no vamos a quitarle mérito al chaval.
Todavía recuerdo la conversación con mi madre.
N: ¿Qué te pasa? ¿Todo bien con C?
Yo (toda indignada): Ni me hables de C.
No me digáis que no es una escena súper dramática de culebrón. Si es que llevo en la sangre lo de ser actriz.
Nos vemos en la próxima página.
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